Sabemos que cuando escuchamos sobre el
tema de santidad, nos da miedo empezar, ya que el miedo al fracaso o nuestras
debilidades nos hacen desfallecer. Y es cierto, es muy difícil ser santo, por
lo mismo Jesucristo ya nos lo dijo: “para los hombres eso es imposible, pero
para Dios todo es posible” (Mt: 19, 26).
Dios nos da las fuerzas, pero nosotros
tenemos que tomar la decisión.
1.
El
ideal: sales de un retiro, ves un video, escuchas una conferencia o lees algún
texto motivacional. Sabes que el mundo necesita hombres y mujeres como tú y tú
quieres ser uno de esos seres excepcionales en la vida. Estás dispuesto a
comerte al mundo entero. Sabes que lo puedes hacer porque Dios está contigo.
Estás en el ideal.
2.
La
realidad: comienzas a trabajar en todos tus defectos, quieres cambiar tú y
todos los que están a tu alrededor. Poco a poco, te vas dando cuenta que el
proceso no es tan fácil como lo imaginaste y te pega la realidad.
3.
Las
dudas: aquí es donde la mayoría de los que quieren ser santos fracasan, porque
empiezan a dudar que su ideal no es posible y dejan de luchar.
4.
Trabajo
hormiga: aquí es donde debes seguir luchando, paso a paso, aunque parezca que
no avanzas.
5.
Caída
a pique: a pesar de que te has esforzado con todo tu corazón, te das cuenta que
parece que vas retrocediendo y que has tocado fondo. Es justo cuando menos
debes desesperar y debes salir adelante.
6.
Vaivén:
es entonces cuando decides seguir luchando que te das cuenta que subes y
mejoras y que otras veces vuelves a fallar. Es este el momento perfecto, porque
a partir de ahora ya estás en la lucha más importante de la vida: la perseverancia.
7.
La
gloria: o podríamos decirle el momento de la paz, porque es cuando te das
cuenta que no es tu esfuerzo el que te lleva a la santidad, sino que tú has
puesto de tu parte y quieres seguir haciéndolo, y ahora es el turno de Dios.
